|
< ="-" ="text/; =utf-8">< name="GENERATOR" ="Office.org 3.2 Win32">< ="text/">
La
clase política en Andalucía ha salido vapuleada en la última
encuesta del Centro de Estudios Sociológicos, colocándola como el
tercer problema de la Comunidad autónoma. Cuando los ciudadanos
comienzan a ser conscientes de los efectos negativos del bipartidismo
en nuestra región y ya colocan claramente a PSOE-IU y a PP como
frentes de escasa fiabilidad para continuar depositando en ellos su
confianza, hemos de plantearnos con responsabilidad histórica la
necesidad de reconfigurar la vida política en las instituciones
públicas de Andalucía.
UPYD
ha irrumpido en el escenario político andaluz y nacional,
básicamente con dos ideas fundamentales de las que dependen el
resto: la necesidad de regenerar la vida política española y
devolver a los ciudadanos el compromiso para poder hacerlo. La
ilusión que despierta la alternativa es evidente. UPYD será la
única fuerza política que romperá el maleficio de cerrojo a la
entrada de partidos políticos nuevos en el parlamento andaluz desde
las primeras elecciones a la cámara. Desde hace 30 años contamos
con un gobierno socialista, que a hecho y deshecho lo que le ha dado
la gana en la región, ahora contando con el apoyo necesario de
Izquierda Unida que asume así su papel de soporte, y de una derecha
anquilosada en el pasado, que no levanta cabeza por sus
posicionamientos errados al colocarse en la trinchera del nada vale.
UPYD
se presenta como la alternativa necesaria con otra forma de entender
la política y con la intención de que la ciudadanía andaluza
recupere su esperanza en que las cosas pueden y deben cambiar. El
problema no es ya cuándo seremos los andaluces, con nuestro voto,
capaces de reconducir la situación política de España y de
Andalucía, sino con qué porcentaje de voto se va a producir la
ruptura del bipartidismo actual. Cada vez son más las personas que
manifiestan abiertamente su apoyo a UPYD para acabar con esta
situación que sólo trae descrédito de nuestra inteligencia
colectiva. Los ciudadanos sabemos perfectamente que somos los
responsables últimos de la situación creada y que con nuestro voto
será posible que cambie el actual estado de rechazo a lo político.
Por
eso, tanto en el PP como en el PSOE-IU se están poniendo nerviosos
al sentirse amenazados en su hegemonía institucional. Acabar con las
mayorías absolutas significará devolverle a los parlamentos su
original función: parlamentar, es decir, hablar, negociar, debatir,
acordar, y no una mera presencia de di*****dos que levantan la mano
mecánicamente para apoyar las propuestas de su partido. Acabar con
las mayorías absolutas y romper el bipartidismo va suponer el fin de
toda una serie de privilegios y prebendas que los actuales bloques se
han atribuido a sí mismos. Por eso, en lugar de caer en el pozo de
la desilusión, que es lo que pretenden ambos frentes potenciando así
la abstención de los votantes, lo que realmente cobra fuerza es el
voto masivo por la alternativa real para lograr un tripartidismo que
ponga en jaque a las formas vetustas de hacer política. Ya era hora
de que esto pudiera cambiar.
Paco
Pineda.
upydmarbellasanpedro.blogspot.com cel.marbellsanpedro@upyd.es alfonsoruanoruano.blogspot.com
|